miércoles, 23 de marzo de 2011

Sevilla

Todo empezó cuando Aida nos invitó a dos amigas de Guadalupe y a mí a su casa de Sevilla.
 Llegamos en el coche y era agosto, por lo cual había cuarenta grados a la sombra. Ella vivía en una urbanización de cinco pisos y como no, en el último. la tarde la pasamos en la calle conociendo a sus amigos, lo peor fue cuando volvimos a casa por la noche...
Todo normal hasta que nos fuimos a su habitación a dormir, eran las dos y ya decidimos que nos íbamos a dormir porque al día siguiente no nos podíamos levantar muy tarde. Hacia un calor asfixiante y no nos podíamos dormir, pero tampoco podíamos poner el aire acondicionado porque Celia estaba constipada y le dolía mucho la garganta. Eran ya las cinco y Aida y yo, que eramos las únicas que seguíamos despiertas  ya no aguantábamos más, me levanté con la luz apagada y le dí al aire para que se encendiese. Me volví a tumbar en la cama a esperar a que el aire frió nos calmara el sofoco y continuamos esperando, pero el aire frió no llegaba, en vez de eso notábamos todavía más calor, eso no era normal, empezamos las dos a reírnos sin ningún motivo y a desvariar, todo provocado por el calor, a la hora, ya asfixiadas y no podíamos más, me di cuenta de que había puesto la calefacción en vez del aire, por que el aire no funcionaba. Al final conseguí dormirme una media hora antes de tener que levantarnos con un agobio y un sofoco fuera de lo normal.

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